este era un tipo que nunca le había dicho “te amo” a su novia, no porque no lo sintiera, sino porque no lo sabía, nunca lo supo, en realidad sus novias anteriores nunca se lo enseñaron. Su novia actual sabía que lo amaba, por sus marcas supo que fue más allá de lo que prometió. Un día, una tarde nublada, la sensación de muerte se coló por debajo de la puerta de la habitación de aquel tipo, él corrió a su computadora (que era una macintosh) y le escribió estas letras a su amada:
hace horas tengo una sensación estúpida de morir… se siente horrible… no me ha pasado nunca antes… Nunca he tenido ese presentimiento de que talvés hoy muera… y me asusta y me aterra… hoy he arreglado el baño, el cuarto… hasta he dejado en el cartón [...] muchas cosas NUESTRAS… he ordenado los libros desde el más grande abajo hasta el más pequeño arriba, los discos, he recogido la basura hasta de las mochilas, he limpiado la cocina… hasta hice el almuerzo [...] Estoy en punto que no me importa… solo quiero salir… irme…
Pienso en nosotros… [...] he dado vueltas y vueltas pensando, recordando… sonriendo… Estoy asustado… tengo miedo… miedo de que te ame y no lo sepa y que por eso tu tampoco sepas lo que siento… POR LA SIMPLE RAZÓN DE QUE NUNCA AMÉ ANTES A NADIE excepto a algunos de mis familiares. Entonces pienso y me pregunto cómo es amar? y pienso en libertad… y vuelvo a nosotros y es un círculo vicioso… y tejo y tejo y sigo tejiendo, cobijas reversibles de tres plazas…
y si muero? que verga [...] de verdad tengo miedo… estoy asustado… siento algo horrible dentro… que me asusta… me aterra… y que no puedo describir…
hay tantos pendientes entre nosotros… la sociedad, las películas, los libros, las conversaciones, [...] los viajes… TANTO… que con esta sensación que me acompaña me cabrea y me duele si es que no se hicieran realidad…
TE QUIERO [...] … tanto que no me basta…
lo sabes verdad?
envió el correo (su novia lo leyó), salió de su habitación porque “quería salir, irse”, tomó el primer tren a ninguna parte, sólo quería viajar. El tren tuvo un accidente menor, aunque los accidentes siempre dejan un susto mayor. Cuando su novia se enteró sólo dijo dos palabras con respecto al destino:
que cabrón !

