destinos diferentes
He llegado al aeropuerto, demasiada gente, bulla, anuncios y aerolíneas que van a todos lados. Me dan mi número de asiento, imagino a las personas con las que me tocará sentarme, aquellas que están más cerca. Pienso en las coincidencias; durante tres horas estaremos metidos en una caja con alas un montón de gente que no nos conocemos, y que a la fuerza nos tocará “estar juntos” y en algunos casos hasta conversar, luego cuando el avión aterrice cada quien seguirá su camino.
Nos llaman a embarcar, espero hasta el final sin levantarme. Llego a mi asiento y lo primero que hago es sonreír y dar los buenos días, en algunos viajes me responden, en otros no, es un preludio de lo que será el vuelo. Pero tu me sorprendiste, te saludé y me regresaste a ver, sonreíste. El avión despega, se eleva, se estabiliza. Te muestro por la ventana el horizonte, no dejas de sonreír ni de responder locuras. Tu mirada es diferente. Viene el café mientras me cuentas de tu vida, y yo de la mía. Hace 15 minutos éramos dos extraños, dos personas que si se hubieran encontrado en la multitud de la calle ni siquiera se hubieran saludado porque hubieran pasado de largo, pero en este momento me regalas tu sonrisa y por primer vez entiendo la “frecuencia”, en este momento somos amigos de toda la vida.
Tócame, y deja que te toque. Siénteme, lo hago contigo. Me haces cosquillas, te devuelvo un carajo, uno de esos carajos que no piden otro igual de tu parte. Llenas mi obsesión, no vamos rápido, ni despacio, simplemente vamos, ligeros de equipaje, sabiendo que cada uno tiene un destino diferente, con un pequeño (muy pequeño) espacio-tiempo común.

Empezamos a descender, mucho tiempo por las alturas, las nubes y el cielo, es tiempo de aterrizar, nos preparamos para ello. Tocamos tierra, te acercas a mi, me agarras por el brazo mientras caminamos juntos a buscar el equipaje. No es buena idea cruzar teléfonos u otras señas, porque ambos –como dije– tenemos destinos diferentes. Te acompaño a tomar tu taxi. Aunque vas en la misma dirección que el mío, llega el momento que sabíamos de antemano se iba a dar. Te alejas y me sonrío. Tomo mi camino otra vez.
¿Te volveré a ver?

