Suficiente, con eso bastó para que desates -otra vez- lo que tenía guardado, acomodado, ordenado y clasificado. Me acordé de:
aquella vez que quise amarrarme a la silla para no salir en tu búsqueda, porque era imprudente hacerlo
cuando me dejaste dormir entre tus piernas y llené de sal tus jeans
nuestro primer chat erótico que fue bruscamente cortado por una visita inesperda
tu regalándome tu vientre, yo con los ojos abiertos
y si no te he escrito hasta ahora es porque odio hacerlo.

Crédito de la foto: El último tango en París
y entonces te hice el amor, cumpliendo tu pedido.