la “depre”
Estoy deprimido. Estoy cansado, hecho polvo. Me alegro de estarlo, de saber que soy humano y de que toco límite. Quizás la intensidad del trabajo en los últimos dos meses, quizás las tropecientas reuniones improductivas sumando la que tuve ayer con gente del gobierno, quizás las baterías se descargan de tanto sostener con templanza a otros, quizás…
Estoy totalmente limpio de dinero, chiro hasta la madre, y no sé cómo voy a durar hasta fin de mes. Recurro a mi madre para pedirle prestado el carro, vienen mis hermanos a dejármelo en la puerta del trabajo, saben que hoy me voy a quedar hasta la madrugada igualándome de cosas. Salgo un rato de la oficina, y al regresar encuentro sobre la mesa un yogurth, un paquete de galletas que ya les estoy dando trámite y esta nota:

“hacer vaca” significa juntar unos centavos entre varias personas para comprar alguna cosa. Mis hermanos no saben (creo) de este asteroide…
Se me corren las lágrimas, llorar es bueno, hace que expires sentimientos encontrados que te hacen daño cuando están dentro. Tengo la sensación de haber recorrido el mundo a pie y de que en medio del cansancio todavía debo dar otra vuelta etera antes de sentarme.
Y todo eso me deprime y hace que sonría menos.
Todos admiramos a alguien cercano o lejano, alguien que se gana nuestro respeto. Ahora mismo me entretengo en mi imaginación fabricada de un alguien que admiro por su templaza, pero en su estado de más profunda depresión, me lo imagino llorando, a solas, y la verdad no quisiera estar a su lado viendo caer a un gigante. Yo no soy un gigante, pero si quiero estar solo, sin que nadie me vea, no por vergüenza, sino por necesidad de enfretarme a mi mismo.
Y en medio de esta depresión y cansancio tengo que parar aquí de escribir, porque quiero acometer lo que me queda pendiente, e irme “temprano” a casa.



