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El hombre tiene tres almas. La primera es la que lo acompaña a uno; esta alma anda con uno, pero está afuera de la persona; por eso es que, cuando uno va andando, puede ir conversando con uno mismo, ya que él está ahí. Cuando uno se duerme aparece la segunda alma, la cual va andando por allá y por eso uno se sueña; tiene el mismo nombre que la primera.
La tercera y la última es la que sale cuando uno muere; sale por el hueco de la cabeza, está andando y, si uno tiene fe, se irá, y si no la tiene, uno andará por la tierra. El alma que se queda cerca de uno se pierde también, se muere, y la otra es la que está andando recogiendo la sangre que uno ha perdido durante su vida. Y el alma del sueño se pierde también y se muere, mientras la otra está juntando la sangre que perdió.
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© de la cultura chiquitana- bolivia.
me recordó mucho a algo que leí tiempo atrás en el museo del señor de sipan.
el relato entero de mi paso por bolivia se parece un parto lento y doloroso. está demás decir que el tiempo ha sido el causante de que no pueda fluír, pero ya voy consiguiendo algunos huecos…

Asi mismo es; las consciencias de cada momento mueren, y solo le queda el recuerdo al alma imperecedera, que mientras vivamos sigue atrapada en nuestro interior.
…interesante la visión que planteas sobre el alma, sobre todo cuando hablas del destino de la última, sobre su ascensión o permanencia en la tierra, me recordaste una frase de Blaise Pascal:
“Prefiero equivocarme creyendo en un Dios que no existe, que equivocarme no creyendo en un Dios que existe. Porque si después no hay nada, evidentemente nunca lo sabré, cuando me hunda en la nada eterna; pero si hay algo, si hay Alguien, tendré que dar cuenta de mi actitud de rechazo”.
suerte en tu búsqueda de intersticios, definitivamente hay que fluir, no es tiempo de contenciones…
p.s. linda la Bolivia!