una fiesta diferente
empieza otro día, otra tarde, de sol, brisas y árboles.
acaba otra tarde, de nubes y azules.
una vez más armaremos la banda, sudaremos esfuerzos y disfrutaremos de cada nota, arpegio…
entonces llega la hora, afino, siento, palpo, escucho, miro… saco mi cámara de filmar personas/momentos y hago mi mejor foto.
todo listo, “y marcando cuatro” empieza a sonar…
cómo hemos mejorado ! ahora ya no somos personas que hacen rugir un instrumento, hoy somos un equipo que la naturaleza les extendió su humanidad más allá de sus manos, llegando al nylon, a la madera, al plástico, al metal.
cuántas veces estuve abajo, ahora estoy arriba. otras veces seguiré estando abajo, pero cuando pueda, cuando pueda, intentaré ver a los ojos de cada cuerpo, para colarme por las pupilas, sonreir y dejarme llevar.

va llegando el final, y me quedo con la imagen borrosa del ruido, los silbidos y los sudores. al fondo, gente, que piensa, escucha y a veces sueña.
solo resta vivir la canción que no cantamos, a la orilla del río, frente a los arupos, volví a lanzar mi mensaje en una botella… sigo creyendo que un día me levantaré y mi sopresa será ver un ciento de billón de botellas en la orilla.


