la tienda de la esquina
tiempo atrás, hace como cuatro años, viajar cada 15 días en avión a la capital era todo un lujo para mi. espero no perder mi capacidad de asombro con cada detalle que la vida me regala.
hoy, sin mirarme al espejo en el momento preciso, estoy seguro de que los ojos me brillan al sentir despegar al avión, y disfruto como en la montaña rusa ficticia cada vacío o cada turbulencia en el viaje, mientras el resto de la gente se agarra fuerte a lo que está más cerca…
cuando me toca venir a “la grasa de las capitales” también me toca disfrazarme de adulto y hacerme pasar como tal. la verdad es que consigo engañar a todos, más aún en medio de las tropecientas reuniones de trabajos, almuerzos de negocios y corbatas de marca italiana.
en días como hoy, donde no tengo el almuerzo de negocios para hablar de tecnologías emergentes, ni de puntos de equilibrio en la relación costo-beneficio, ni de valores agregados que genera el patrimonio de know-how acumulado, aprovecho para comerme un simple y sencillo sánduche de dolar y medio en la tienda -literalmente- de la esquina.
desde que llegué el primer día a esa tiendita -que es muy limpia y descente- el dueño me trata como “vecino”, sin que me haya visto antes. cuando saluda me dice: “buenas vecino, qué le sirvo?”, cuando le pago me dice: “gracias vecino”, cuando me despido: “ta’luego vecino”, y así…
entonces cómodamente sentado en esos típicos taburetes altos y arrimado a una barra improvisada me engullo uno de los sánduches que me ofrece. Y me conversa del fútbol a lo que yo le replico que odio el fútbol; y me conversa de la política a lo que yo le replico que odio la política; y me conversa de la última y más guapa modelo que está de moda a lo que le replico que… me encantan las mujeres pero que odio el modelaje y todo lo que está a su alrededor; y me conversa de…
en eso, ya me he terminado mi sánduche.
gracias a él me he enterado que el equipo de futbolistas de chile ya están en guayaquil para el próximo partido este domingo (¿era el domingo?) en quito -y yo ni por enterado-, y también me he dicho que ayer se lanzó una nueva novela en un canal nacional, y que hay una modelo esmeraldeña en chile que….
los sanduchitos de la tienda de la esquina me resultan muy baratos, más amenos y dietéticos, y mucho más rápidos en términos de tiempo que los almuerzos de negocios. definitivamente
lo que no sabe el dueño, es de que yo literalmente soy su vecino, aunque ocasional. creo que seré uno de los pocos que realmente lleve el título bien ganado.


Casi caistes, que si le dices que no te gustan las mujeres, te cortaba el habla o te insunuaba algo; y eso de que te trata como vecino, es parte de su defensa personal, para que los choros se crean que el los conoce, y asi no lo asaltan.